Catfish

La red social y Catfish: dos formas de abordar algo que, por desconocido y reciente, provoca la misma cantidad de miedo y admiración. Las nuevas formas de comunicación no son tan nuevas, y aunque pueda parecer lo contrario, llevamos comunicándonos con emails, mensajes de chats o sms más tiempo de lo que creemos. La postura (hasta ahora) de los medios de comunicación o el cine hacia este tipo de relaciones establecidas mediante alguno de estos métodos ha sido siempre de recelo, tachando el método de peligroso, capaz de encerrar a la persona en uno mismo o de hacerle vivir mundos que no son reales. Y digo hasta ahora porque ha tenido que venir una película pequeña, casi invisible como Catfish para decir, en sus 94 minutos, lo que nadie ha sido capaz de decir en horas y horas de absurdos debates sobre el tema: que el uso de nuevas herramientas no es ni más ni menos peligroso/beneficioso que cualquier otra forma de comunicación que haya existido hasta el momento. Y que, como casi todo, depende más del sentido común de todos y cada uno de nosotros el aprovechar todas las posibilidades que nos brindan. Allí donde La red social es más una película sobre los métodos empresariales del siglo XXI (es el proceso de creación de la herramienta social más importante de lo que llevamos de siglo pero también podría haber tratado de los inicios de cualquier otra empresa), Catfish entra con cuchillo en cómo todas estas nuevas herramientas han sido asumidas como parte de nuestra vida a la hora de entablar relaciones con los demás. Y lo hace sin cuestionar su uso ni un minuto, dejando claro que ese debate ya debe ser dejado atrás porque, lo queramos o no, vivimos donde vivimos. No se si Catfish es un documental o un falso documental, pero me da igual. El saber que la historia no es real no le restaría un ápice de veracidad a lo que sentí mientras estaba viéndola. Desde el minuto uno te sientes atraído por la historia de Yuv, el chico protagonista que mantiene una relación de amistad a través de Facebook, mails y mensajes de texto con una joven pintora. Lo que vendrá después tiene tal carga de emotividad y verdad que sería una pena desvelar algo y fastidiarlo todo. Y si al final alguien no comprende las razones de la chica para hacer lo que hace es que no es capaz de reconocer que alguna vez en la vida la soledad nos ha llevado a hacer cosas muy pero que muy discutibles.

Notes