Son muchas las películas que Will Ferrell nos está dejando para la memoria desde principios de siglo. Desde la descacharrante El Reportero (con la plana mayor del cine cómico estadounidense en la actualidad) hasta aquellas de las que sin ser una obra redonda (Patinazo a la gloria, por ejemplo) tiene mucha más gracias que otras que parece que han caído en gracia (y me acuerdo de la infravalorada y ahora incompresiblemente sobrevalorada Resacón en Las Vegas). El caso es que las películas de Will Ferrell son, en la mayoría de los casos, Will Ferrell. Si no gusta, ni lo intentes. Pero si eres capaz de encontrar el punto de socarronería, de absurdez, de imbecilidad y de condescendencia y cariño con el que Ferrell interpreta a la mayoría de sus personajes, vas a disfrutar. Y eso es lo que pasa con Talladega Nights: nunca estuvo Ferrell más comedido y con un equipo tan dispuesto a que el público ria tanto como se debieron reir ellos durante el rodaje. Con la auda esta vez de un Sacha Baron Cohen (que protagoniza momentos sublimes al volante) la película ahonda en el mundo de las carreras Nascar para ofrecernos la historia de éxito instantáneo, caída y recuperación+redención (ya presente en Dewey Cox, El Reportero o la serie Eastbound & Down) de un conductor de coches que, de la noche a la mañana, pasa de poner ruedas a pilotar y ser el número uno. A partir de ahí empieza el espectáculo: estadounidenses y franceses que siguen a rajatabla sus respectivas imágenes tópicas y grotescas, situaciones clásicas de este tipo de películas y una realización que sigue a pies juntillas todos y cada uno de los tópicos presentes en la comedia americana desde hace años. Con la diferencia de que aquí recurren a ellos para reírse de ello. Y no todos pueden decir lo mismo…
Posted on Sunday, 30 May 2010
Talladega nights
Notes